| Roberto Wilson "Deporte del Pueblo" | |||
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![]() “Un deporte del pueblo y para el pueblo”
Roberto Wilson
Muchos me preguntan ¿Porqué en Argentina el automovilismo atrae tanta gente sin importar la categoría que se presente y el autódromo en que se dispute? La respuesta es muy sencilla.. El deporte a motor en este país nació del pueblo para el pueblo y aún conserva este legado después de tantos años de historia.
Y es que en los inicios del deporte de las carreras de carros en nuestro país las cosas se jugaban al mismo precio. Recuerdo cuando en mi niñez veía pasar lo que se conocía como el Circuito Central Colombiano, carrera que después cambió su nombre por el de 500 millas. Esa era una verdadera carrera de locos, porque primero había que cerrar todas las vías por donde pasaba la carrera, teniendo en cuenta que era una carrera de un solo día; entonces lo primero era eso, el cierre de los caminos, luego la gente buscaba el mejor sitio en dónde ver pasar a los corredores. Yo siempre me ubicaba en el Parque de los Fundadores o en el Parque Bolívar de Manizales, porque como la entrada tenía un cierto desnivel en el piso, era fantástico ver cómo los carros, que por ese entonces alcanzaban unas velocidades de 150 kilómetros por hora, tomaban ese brinco y se elevaban algo más de un metro. Nos gustaba ver ese momento tan especial; pero más que eso los manizalitas gustaban de ver a su equipo, el cual estaba conformado por Artemo Trejos, Álvaro Uribe, Valerio Hoyos y Hernando Gómez, todos ellos preparados por un mecánico al que le llamaban “Alicate” sobrenombre que se ganó porque sus piernas parecían eso, un alicate.
Este señor fue el primero en ponerles cuarta marcha a los Ford 54. Cogía por ejemplo el carro de Artemo Trejos le quitaba la persiana y le ponía una malla, lo bajaba un poquito de la suspensión y le acondicionaba una palanca de la marcha doble de un Land Rover, que era una palanca amarilla con resorte; el piloto hacía primera, segunda y tercera, y después ponía el carro en neutro y oprimía la palanca para entrar en cuarta. Por obvias razones estos carros carecían de reversa, pues en este espacio iba el piñón de la famosa cuarta, de ahí que esos carros andaban tanto a pesar de las labores rudimentarias de preparación. Imagínense ustedes un carro a esa velocidad con very very y alineado con pita… mejor dicho, la locura!!! Todo esto sucedía en los hermosos años sesentas, más exactamente en el año 1966.
Otra de las carreras de mayor recordación era la celebrada para la Feria de Manizales. La competencia era la famosa Cali-Manizales, carrera que en ese tiempo tenía un recorrido bárbaro, comenzando por la recta de Palmira a Buga hasta llegar a Cartago y de ahí hasta Pereira para después llegar a Santa Rosa. De Santa Rosa cogían hasta Chinchiná para finalmente llegar a Manizales. En el carro de familia de la época uno se gastaba en ese trayecto bien andado unas 4 horas, pero un señor de nombre Valerio Hoyos, que en paz descanse, tenía el record de 1 hora y 59 minutos! ¿Cómo? no sé.
Lo único que si sé, era que esa carrera atraía mucho público y nosotros siempre buscábamos el mejor lugar para verla. Para esta carrera nos ubicábamos en una curva que tenía dos particularidades; la primera era que la curva estaba marcada por un peralte al revés, y la segunda, un bar de mala muerte llamado “La Cumparcita” ese era nuestro sitio.
Pero también hay que recordar las carreras realizadas en Medellín, como lo eran el circuito el Volador, trepadores a Santa Helena y otras que ahora no recuerdo. Todos ellos eran circuitos abiertos, es decir, las barreras eran el público presente en el evento… a lo rally.
Este tipo de carreras fueron abolidas debido a los trágicos accidentes que ocasionaron. Uno de los de mayor recordación para mí fue el que protagonizaron en una prueba en Pereira la dupla de unos señores de apellido Murcia y Machuca. En una de sus pasadas se atravesó un muchachito y por hacerle el quite, el carro terminó matando cerca de 22 personas, entonces quitaron los permisos para este tipo de eventos.
Esas eran verdaderas carreras; carreras en la que la gente como nosotros, madrugábamos a las 3 o 4 de la mañana para ir a mirar los carros, carreras en las que la mecánica nacional reinaba, carreras en las que toda la familia asistía, tenían sus ídolos y volteaban por todo el país para seguirlos, carreras sin duelos de chequeras y sin apellidos de alcurnia, carreras en donde los pilotos terminaban y guardaban todo dentro del carro donde competían y se iban a sus ciudades natales en el mismo carro a esperar la próxima prueba, carreras que hoy no se pueden hacer en las mismas condiciones pero que el TC 2.000 quiere recuperar, carreras del pueblo y para el pueblo, carreras con una columna vertebral única…una muy criolla cultura deportiva que debemos recuperar! Felices aceleradas.
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